martes, 2 de abril de 2013

Tengo cierta reticencia a los discursos. No se por qué no me cierran (y conociéndome, lo que empieza gestándose como una idea vaga y sin forma termina gracias a la ayuda de mi exacerbada convicción siendo algo así como un desprecio). Entiendo a los discursos como una excusa, como el reemplazo de una acción.  Opositor, oficialista, radical revolucionario conservador, todos esas grandes familias bajo la que el discurso puede entrar me suena a relajo. Porque al tener la facultad de hablar para mi perdemos la de actuar. la critica pasa por palabras, y las palabras, se encuadran en esas familias. Lo siento como modas. criticar a Macri y sus intervenciones para dar un ejemplo normal. si bárbaro  pero sigue en la misma linea que los discursos de Macri y sus intervenciones, son palabras. por ahí no se entiende, yo nunca me entiendo mucho, una vez un profesor de filosofía me dijo que intente redactar para que el otro entienda así ordeno mis ideas. pero lo cierto que es que cuando hago eso, ya ni tengo ideas porque se deformaron  asi que supongo que mientras pueda voy a intentar seguir escribiendo así  como salga sin mucha coordinación de palabras. como sea, nunca  me gustaron mucho los discursos, ya desde chica. Valoro ese dejo de heroicidad, valentía  fervor que produce al que lo pronuncia y a los que lo escuchan. O los rasgos de simpatía o apatía que puede producir, porque todos creo que coincidimos que los discursos es como si se hicieran para provocar polarizaciones. o genial o patético  pero no se, trasmiten algo? o son replica de replicas? me sigo quedando con acciones y el arte (para expresar ideas)

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